Entre los quehaceres y las pasiones,
en mi mente habitó un inmenso frío,
intentando no congelar instantes
conseguí derretir tan sólo mi mano...
Mi memoria algo gastada
no daba paso a recordar aquello que intentaba,
fue un placer de sensación...sí.
Pero me preguntaba dónde iba todo aquello
que a veces entendía (veía, vivía)
y que después no encontraba.
(Se congelaba)
El frío me vino de anestesia
y yo asumí con ella
el congelador de mi cabeza.
Me negaba a gastar facturas de calor,
Absorbí ese frío consecuente...
me dejé llevar por una música de fondo,
observando el lleno polar
de mi memoria.
Me abandono al frío.
(a veces le reprocho a mi memoria... y ella me reprocha que nunca la enseñé a descongelarse)

No hay comentarios:
Publicar un comentario